Hablar de ti, es sentir que aún sigues aquí
en esa tierra tuya de Granada,
ciudad de inmensa luz
con hermosos paisajes,
donde te inspiraste
llegando tanto a amar.
Aunque lejos te marchaste
porque querías escapar
y visitar otros mundos;
allí, en la oscura Nueva York
a menudo con tu mente
volvías a tu tierra.
Descubrías a tus seres queridos en el sueño
negro de esa tierra extraña
siempre acordándote de tu dulce y querida madre
que en sus cartas te añoraba
que sus besos te mandaba...
Pero tu mente atormentada
se encontraba con la muerte
y te avisaba, Federico:
España será tu tumba.
La mala gente que dejaste, su envidia,
tu persona íntegra, tu sangre inocente
se extinguiría sólo por tener don de gentes.
Tú, con tu pluma de plata
llegabas a decir en tus palabras
con sabiduría, con razón,
algo que no se puede comparar.
Luchaste sin pensarlo
con alguien que, por no tener,
no tenía ni sentimientos.
Sólo se recrearon en matar a un ser valiente
con un fusil
y decir de él:
"Era un hombre diferente"
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