miércoles, 12 de octubre de 2016

Micorrelatos de Bachillerato: Trabajo de Paula Carpeño (1ª Posición)

Paso a publicar los relatos de la alumna ganadora: Paula Carpeño. Las ilustraciones que acompañan a los cuentos han sido realizadas también por la alumna. Espero que las disfrutéis.

1. Decenas de peces muertos en un río 

     Desde tiempos inmemoriales mora en China una de las más ancestrales criaturas de la Tierra: Shen-Lung, el dragón del cielo, señor de las tormentas, de la sabiduría y el poder. Hace siglos este ser habitaba en la tierra, y los emperadores acudían a él cuando tenían que tomar alguna decisión difícil. Un día entró en su cueva un joven emperador que acababa de ser coronado tras la muerte de su padre, estaba muy asustado y venía en busca de consejo. Parecía tan frágil y desvalido que Shen-Lung sintió pena por él. Con el tiempo el emperador y el dragón se volvieron inseparables, estaban tan unidos que el emperador lo tomó como símbolo de su estandarte. Gracias a la ayuda de Shen-Lung se convirtió en el más sabio y justo de toda la dinastía. 
     Cuando el emperador enfermó debido a la vejez, pidió pasar sus últimos días en la cueva del dragón. Shen-Lung veló a su amigo hasta que los dioses se le llevaron. Cuenta la leyenda que el dragón entró en una tristeza tan profunda que las lágrimas derramadas en el río próximo a su cueva estaban tan cargadas de dolor que mataron a todos los peces del río. Tras la muerte del emperador, Shen-Lung se retiró al cielo y ningún mortal volvió a saber de él jamás. 

Ilustración de Paula Carpeño

2. Los bostezos de alguien en una reunión. 
     Una vez más, Superman regresaba volando por el cielo de Smallville  tras haber salvado las vidas de todos sus habitantes. Desde las alturas podía ver cómo la gente gritaba y señalaba al cielo; algunos cuchicheaban emocionados, los niños miraban asombrados sin poder articular palabra, otros le vitoreaban, alborozados. La ciudad había quedado dañada tras el enfrentamiento, aunque eso no le preocupaba demasiado, se recuperaría, siempre lo hacía. Muchos ciudadanos heridos se dirigían al hospital, pero dentro de unos días esta no sería más que otra historia que contar a generaciones futuras antes de acostarse.   
    Horas más tarde, Clark Kent entraba en la sala de reuniones del periódico, tan puntual como siempre. Saludó a todos con educación y tomó asiento. Bostezó largamente mientras en las noticias la presentadora narraba la encarnizada lucha en la que Superman, como siempre, los había salvado a todos.  

Ilustración de Paula Carpeño


3. Una vela humeante encendida en una habitación en la que no hay nadie 

     En la residencia de SunnySmiles, el día 23 de septiembre siempre hay una vela encendida en la habitación número 53. Si os asomáis por la ventana veréis una vieja televisión, una mecedora y una bufanda de punto a medio terminar en el cesto de la costura. Sentada en la mecedora, hay una ancianita; sus huesos son frágiles y ya no puede moverse como antes, pero tiene unos ojos bondadosos que todavía conservan su luz. El 23 de septiembre es su cumpleaños, el de ella y el de su hermana gemela, pero no lo celebra. Se come con educación los deliciosos canelones que le preparan las cocineras especialmente para ella y acepta los regalos con una sonrisa. Pero ella no se siente feliz. 

     Hace ya mucho que su hermana murió, pero ella la siente muy cerca. Nunca se han separado y nunca lo harán. La gente dice que la muerte de su hermana la trastornó, pero ella sabe que no es así, porque todos los años, a las nueve de la noche exactamente, una brisa extraña entra por la ventana cerrada y apaga la vela que deja encendida para ella. Entonces sí, la anciana sonríe y murmura: “feliz cumpleaños, hermana mía”.   

4. Una marca de unos labios rojos en el espejo del baño 
     El brillo casi cegador de las sábanas blancas le hizo abrir los ojos. Al principio no recordó donde estaba, o como había acabado allí, pero al girarse y respirar un intenso y respirar el intenso aroma a carmín, le hizo recordar. Sus rizos de fuego, las manos revolviéndole el cabello. Habían bailado toda la noche en la fiesta privada del hotel, una canción tras otra, hasta que… los recuerdos se volvían confusos. Él le invitó a su habitación; algo que tenía que ver con una chaqueta y unos zapatos rojos tirados en el ascensor acudió a su memoria. Sonrojado, se preguntó si seguirían allí. 
     Justo cuando se levantaba a comprobarlo, lo vio. Se quedó sujetando el picaporte sin dejar de mirar el armario. En la pared, tras la ropa tirada y revuelta, había una pequeña puerta metálica abierta de par en par. Horrorizado, se asomó al interior del habitáculo solo para confirmar sus sospechas: el microchip no estaba. El dispositivo con todas las estrategias militares que tanto le había costado conseguir  había desaparecido… ¿Qué iba a ser de él cuando se enterasen? Decidió ir al baño a refrescarse la cara y pensar con más calma. Cuando entró encontró restos de carmín en el lavabo y escrito en el espejo con el mismo pintalabios rojos un mensaje que rezaba “gracias”, junto a la firma de unos labios estampados. 

5. Un plato con monedas en la terraza de un bar 
     Era una soleada mañana en la  gran ciudad de Tokyo. Como siempre todo estaba tranquilo y limpio, los coches pasaban delante de la terraza del bar emitiendo su agradable ronroneo y los transeúntes charlaban animadamente. Era una mañana calurosa, pero el individuo sentado en una de las sillas de metal vestía un grueso traje gris y gafas de sol. A través de los oscuros cristales podía percibirse una afilada mirada que no se apartaba del camarero que limpiaba las mesas, joven y de espeso cabello negro y ojos color acre. El camarero le sirvió el café y el hombre, de un solo gesto, se lo bebió y depositó cuatro yenes encima de la mesa. El camarero lo miró, presa del pánico como no podía ser de otra manera. Al final le habían encontrado; con los miembros de la Yakuza no se juega, y menos con la hija del jefe, pero ninguno de los dos había podido evitarlo, se habían enamorado nada más verse; ahora iba a pagar la consecuencia. Con un nudo en la garganta recogió el dinero de la mesa, cuatro yenes, el número de la mala suerte japonés, el número de la muerte. 

6. El olor a café por la mañana en una cocina 
     Sentado en la silla de la cocina, el hombre se preguntó “¿si todos los caminos van a Roma, cómo se sale de Roma?” y aspiró el dulce aroma del café en la mañana.   

7. Un hombre con un ojo morado 
     Contempló distraído su pajarita perfectamente anudada en el traje blanco. La Iglesia aquel día estaba preciosa, decorada con flores y lazos, todo relucía de tal manera que parecía que los ángeles hubiesen abierto el cielo para ellos; con toda aquella gente tan bien vestida, ofrecían un cuadro idílico. La marcha nupcial comenzó a trazar las primeras notas, llenando la estancia y elevando los espíritus, cuando por fin entró ella, con el cabello color miel recogido en un moño, el velo arrastrando tras ella como una larga cola de caballo de gasa blanca, las mejillas sonrosadas. Recordó el día en que se conocieron, y es que todo comenzó con un rebelde caballo… 
     Él siempre trabajó como cuidador de caballos en uno de los hipódromos más prestigiosos de la ciudad. Ella venía todos los días. Al principio le pareció la típica chica rica que venía a pasar el tiempo por no tener nada mejor que hacer y a la que le gustaba mirar a los trabajadores por del hombro, como sus irritantes amigas; pero con el tiempo fue dándose cuenta de lo distinta que era: los caballos eran su pasión, era simpática, honesta y cercana, pero para ella no era más que un trabajador. Un amor imposible. Así que cuando su caballo se encabritó y ella cayó jamás pensó que conquistaría su corazón con su heroica acción al ponerse delante de ella y recibir una tremenda coz en la cara. 

Ahora mientras ella llegaba al altar, él se palpó el ojo morado y pensó que había merecido la pena.  

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