lunes, 17 de octubre de 2016

Microrrelatos de Bachillerato: Otros trabajos destacados

Andrea Molina
1°) Marca de un beso en el espejo.
Mientras terminaba de arreglarme frente al espejo apreté los labios con fuerza y dejé marcado un beso para regalárselo a mi reflejo. Lo peor llegó antes de que empezara a desmaquillarme, cuando me quité los tacones para sustituirlos por traje y corbata. Caminando hacia el trabajo, pensativo, con mi cobardía y desánimo pensé: "otro día sin ser Verónica".

2°) Ojo morado.
El día más esperado sucedió. La gran boda llegó tal y como esperaban. Él vestido de calle y ella con un vestido blanco, sucio, roto y ensangrentado. El novio sonreía y la miraba, ella con su ojo morado llorando le dijo que la dejara ir pero todo se volvió negro, aún más si cabe.

3°) Peces muertos en un río.
Se acabó el verano, bailando al compás de las hojas te recuerdo. Recuerdo tus susurros como peces que mueren y acaban flotando. Semidesnudos como tú y atrapados como yo, observando en silencio como los peces.

4°) El olor a café recién hecho por las mañanas.

Me despertó el olor a café y tostadas recién hechas a mil ganas de volver a verte. Sucedieron un montón de cosas aquella mañana. Lo mejor de todo es que poco me importaba en cuál de aquellos mundos paralelos habíamos desayunado porque había sucedido en mi realidad.

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Luisa Settineri

EL BESO
Sabía que ese espejo sería lo primero que observaría aquella mañana. Estaba escrito que antes de reparar en el espacio vacío que ella ocupaba en su lado de la cama, de que se extrañarse de no oler el café que siempre tomaba y de notar la falta de ropa femenina en los armarios, antes de todo eso, él se miraría en el espejo y a pesar de su rostro dormido, se gustaría. Sé sonreiría a sí mismo y se sentiría la estrella más brillante del firmamento, la que hace que no te fijes en las demás. En su cabeza, nadie podía brillar con tanta intensidad.
Se había esforzado en ver más, en apoyarse en la magia de los primeros días para soportar todo aquello. No lo había conseguido. Aun así, le importaba lo suficiente como para dejar una sutil despedida.
Inclinó su cuerpo y dejó un beso que él vería sobre la única persona a la que amaba de verdad: Él mismo.


LA VELA
Resultado de imagen de palabras de humoLo de despertarse en medio de la noche ya era tradición. Era curioso, Will llevaba años yendo al colegio a la misma hora y ella nunca había experimentado el fenómeno del "reloj biológico". Pero desde su desaparición, hacía ya dos meses, no dejaba de levantarse a las 5 de la mañana. En esa ocasión, notó un leve detalle que bien podía haber quedado desapercibido. Un leve humo... Que la llevaba a su infancia, a las casa de campo de sus padres. Una vela. Pero eso era imposible, ni siquiera creía tener velas.
Antes de que pudiera acercarse, las paredes se le echaron encima, el mundo parecía derrumbarse ante ella y el humo formaba una sola palabra.
Mamá.

Álvaro López


BESO
     Llegamos a la casa. Todo estaba patas arriba, se veía de sobra que había pasado algo en esa casa, Después de una llamada por los vecinos por exceso de ruido en el piso 3ºD, nos dimos cuenta de que realmente había sucedido una tragedia ¿Entraron a robar? ¡Ojalá y hubiera sido eso!... Revisé todas las habitaciones de la casa sin éxito alguno, hasta llegar al baño, donde un mensaje estaba escrito con carmín, "Te quiero, pero esto no puede seguir así" y debajo, unos labios dibujados. La diferencia es que los labios llevaban ahí más tiempo que el mensaje de arriba. Al girar la cabeza hacía la bañera, la tristeza invadió mi cuerpo, al ver cómo había una mujer muerta en la bañera con un mensaje de carmín en el pecho que decía "Esto no acaba aquí". 

OJO MORADO
    Un día como cualquier otro, me levanté para ir al colegio, aunque cada vez lo odiara más, era mi último día ahí. Mi madre iba a cambiarme de colegio debido a que había algunas personas que no me dejaban en paz. Me vestí, preparé la mochila y me fui a clase, solo podía pensar que era mi último día en ese colegio, en ese 3º de primaria, que parecía más una cárcel que una escuela debido a los profesores de "si no lo veo, no puedo hacer nada". Nada más llegar a clase, todo parecía más tranquilo que de costumbre. Pasaron las horas hasta llegar a la última hora, donde hicimos grupos para un trabajo de conocimiento del medio, me senté con mis tres amigos y uno con el que no había entablado conversación en estos meses. Todo salió bien, y al acabar la clase, me despedí de los amigos que tenía ahí, cogí la mochila, y me fui a casa, más feliz que nunca. Para mi sorpresa, bajando las escaleras, me paró uno de los chicos que me hacían la vida imposible ahí, pero esta vez, parecía distinto, se disculpó por todo lo que había hecho, y le perdoné, después, seguí mi camino sin darle mayor importancia, pero nada más salir del colegio, el mismo chico, me dijo, ¡Espera! ¡Que quiero darte algo para que no te olvides de mí!, algo inverosímil porque ya había hecho bastantes cosas para que me acordará de él, al acercarse, me dio un puñetazo que aún recuerdo a día de hoy, me dejó el ojo no morado, sino algo peor, y se fue corriendo. Me levanté, y solamente pude pensar una cosa, que esto había terminado ahora mismo.

PROPINAS
    Llevaba dos días sin comer, era costumbre en un niño huérfano. Cada vez que pasaba por un bar donde había gente, mi estómago no es que hiciera ruido, era lo siguiente... Lo único que podía hacer para comer algo, era robar, robaba la propina que la gente dejaba en el plato de la cuenta de los bares. No era mucho, pero era necesario para, al menos, comprarme una barra de pan y comer durante dos días con ella.

CAFÉ
  ¿Qué que es lo que más echo de menos de mi vida normal cuando no estaba en la cárcel? Fácil, el olor a café que hacía mi esposa nada más levantarse por las mañanas, aquel olor era tan reconfortante… tan especial para mí, que es lo que más echo en falta.  Yo creo que es de las cosas que más extraño desde que estoy aquí, aquel olor era uno de los motivos por los que tenía energías para levantarme día a día. Si no la hubiera matado… No estaría aquí... Y tendría aquel olor a café por las mañanas, pero claro ¿Qué pretendía que hiciera con ese mensaje que me puso en el espejo?
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ELENA MORENO

1º El ojo morado e hinchado de una persona.
Cuando desperté  sentí  un mareo e hinchazón en el ojo. No sabía por qué. Apenas recordaba nada de anoche. Entonces fue cuando vi a mi madre sollozando y a mi padre con la mano vendada. De pronto me vino el recuerdo. No podía ver a mi padre o la cosa acabaría aún peor. Esa pelea no debía de haber ocurrido.
 2º Los bostezos de una persona en una reunión.
No había pegado ojo en toda la noche por culpa de un mosquito. Ese traidor tenía sed de mi sangre pero yo no se lo iba a permitir. Él tuvo la culpa de esa situación. Desde entonces, mi decisión fue clara, cerrar la ventana por la noche sería una buena solución.
3º La huella de unos labios marcados con carmín en el espejo del cuarto de baño.

Resultado de imagen de MOSQUITO DIBUJOCuando llegó el día del encuentro no lo podía creer. Me preparé a fondo y me puse todo con lo que dijimos que íbamos a vernos, y por supuesto, mi barra de labios color carmín. Aún recuerdo lo mucho que le gustaban mis labios pintados de ese color. Quedaban apenas cinco minutos para las ocho y yo ya estaba ahí desde hacía rato. Mi desesperación ya estaba en las últimas. De pronto le veo aparecer con otra a su lado y me evaporo sin más de aquel sitio. A la mañana siguiente oigo que llaman a la puerta, incluso la abren. Es él. Se dirige al baño por unas extrañas gotas de sangre que lo llevan hasta allí, y lo único que encuentra es mi cuerpo ahogado en una mezcla de agua y sangre en la bañera. Se derrumba, pero ya no puedo hacer nada. Mira al espejo y encuentra la huella de unos labios color carmín, los labios que a él tanto le gustaban.

DANIEL CONSUEGRA

Economía moderna.
     Toda la aldea se ha quedado sin comida. Solo para echarnos del refugio, lo habían vuelto a hacer, ya que cuando era pequeña nos vimos obligados a emigrar debido a la caza indiscriminada de bisontes por los colonos y ahora nos envenenan nuestro único sustento para construir un ferrocarril que recorra el estado, agilizando así el transporte de los mineros y sus mercancías.
Cómo podían causar tanto daño y a la vez llamarnos a nosotros salvajes por vivir en libertad.

Una experiencia tan irreal como personal. 
     A quién se le podía haber ocurrido; salir el último domingo de vacaciones para despedirlas.
Lo peor fue al llegar a la fiesta y verla allí. Tenía pensado estar como mucho una o dos horas, pero ella no hacia amago de irse y por lo tanto yo no podía irme antes que mi ex, así que me acerqué a la barra y pedí. 
-¿La conoces?- me preguntó el camarero- Es que os he visto intercambiando miradas.
-Sí, es que alguna vez hemos coincidido.-No le iba a contar una mierda de mi vida al camarero.
-Es mona y lleva toda la semana viniendo.
Esas fueron las palabras que me motivaron a descontrolar toda la noche… y el resultado sencillo: Yo con una resaca de flipar en primera fila bostezando y ella durmiendo sobre su abrigo al final de la clase.
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Jajaja había ganado.






















Gracias mamá.  
  Al levantarme,  mi madre ya se había ido a trabajar y el único rastro que quedaba de que seguíamos viviendo en la misma casa era este aroma de café que había dejado en la cocina.





miércoles, 12 de octubre de 2016

Microrrelatos de Bachillerato: Trabajo de Carolina Pérez (3ª Posición)

A continuación podéis disfrutar de los relatos de Carolina Pérez. Algunos son realmente escalofriantes... Las magníficas ilustraciones también las ha realizado la alumna.

1. Huella de carmín en el espejo.

    Lo recordaría durante mucho tiempo; los gritos, sus uñas rasgando frenéticamente mi camiseta y, cómo no, cuando cayó sobre la cama con un suave y helado suspiro. Cogí un trapo mojado y lo pasé por encima de la enorme mancha carmesí sobre la superficie lisa tratando de no dejar ningún indicio.       “La mejor noche de mi vida”, pensé al acabar y ver a lo lejos una marca roja impresa en el espejo del baño. Eso también tendría que limpiarlo.



2. Un ojo morado. 
    Había sido un accidente, de eso estaba segura, pero cuando caí de bruces en el suelo nunca me había sentido más enfadada. Abrí los ojos sintiendo que el izquierdo me palpitaba enérgicamente; no había visto venir ese balón. Levanté la vista y sentí que mi respiración se entrecortaba al cruzar mi mirada con la suya, fue ahí cuando me pregunté si acabar con el ojo morado había sido cosa del destino.

3. Peces muertos.
    Huí.
    No sabía cuánto tiempo llevaba corriendo tratando de ignorar lo que había a mi alrededor pero las piernas me flaqueaban agotadas haciéndome tambalear cada vez más y más hasta que una acabó cediendo. Apreté los ojos con fuerza, noté algo húmedo traspasar la tela vaquera de mis pantalones y los abrí lentamente para encontrarme con un escenario de lo más psicótico y sangriento; miles o millones de peces flotaban sobre un enorme e interminable mar carmesí.
Grité.
Había caído en el infierno.

4. Bostezo en una reunión.
    Bostezo.
    De nuevo la misma pesadilla de cada noche, cerré los ojos dejándome llevar por el cansancio y ahí seguía, en mi mente, la misma mujer en camisón ríendo una y otra vez ¿Se reía de mí? Luego venían los gritos y finalmente un sobrecogedor silencio acompañado de una escalofriante respiración a mi espalda. Abrí los ojos aterrado con algunas gotas de sudor frío recorriendo mi nuca.
“La reunión” me digo a mí mismo y bostezo.

5. Vela apagada.
    “¡Espera!” grité corriendo detrás de Annie. Sus largos y albinos tirabuzones desaparecían tras cada esquina dejando oscuridad tras de sí. Había veces que no era capaz de verla bien pero la luz de la vela que llevaba y su continua risita me guiaban por los pasillos del lúgubre castillo. Giré de nuevo encontrándome de frente con un callejón sin salida y a mis pies una vela humeante desparramada.
Annie había vuelto a desaparecer pero aún podía escuchar su risita recorriendo los pasillos.

6. Monedas en el plato de un bar.
    Me pregunté si era famoso. Estaba sentado en la terraza de un bar, su pelo  de un rubio casi tan claro como su pálida piel se mecía de un lado al otro al son del viento y sus ojos grisáceos se paseaban de un lado al otro mirando a su alrededor con curiosidad. Todo el mundo que pasaba a su lado le observaba descaradamente y yo no era una excepción. Nuestros ojos  se cruzaron y no pude evitar temblar al sentir un repentino viento helado rozando mi cuello. Sus comisuras se elevaron suavemente acabando en una gran sonrisa y sus labios se movieron como si quisiese decirme algo “Te encontré”, aparté la mirada y al volverla de nuevo hacia él, tan solo quedaban unas oxidadas monedas junto a la cuenta.

7. Olor del café por la mañana.
Tenía los ojos cerrados pero no pude evitar reaccionar al identificar en el aire el amargo olor del café. Sonreí. Nunca había podido resistirme a él; me levanté de la cama y corrí a la cocina para encontrarme la cafetera en pleno funcionamiento. Me estremecí al observar como el café caía tiñendo la blanca taza de un marrón chocolate. Dos azucarillos y un chorro de leche después, caía en la tentación de su delicioso y envolvente sabor.
Aquello era estar en casa.


  




Microrrelatos de Bachillerato: Trabajo de Sara Mas (2ª Posición)

Os dejo con los relatos de Sara Mas, que seguro que os sorprenderán:

EL OJO MORADO (La Venganza)

     A Marta le dolía ver a su hermano así, con aquel impactante ojo morado. Pero le dolía más el hecho de que él no fuera capaz de recordar nada,que ni siquiera pudiera reconocerla. Recordaba haber visto aquella trágica escena en la cinta de seguridad que había grabado todo lo ocurrido. Recordaba haber visto a Juan y a su ex novia en la puerta de la gasolinera y la recordaba a ella golpeando fuertemente el ojo, a él cayendo sobre aquel bordillo, la expresión de Ángela al presenciarlo, y su inesperada huída al ver que Juan había perdido el conocimiento. Ahora Marta no estaba triste en absoluto, sino que una intensa ira afloraba e su interior. Ahora Marta no buscaba consuelo. Buscaba venganza.



DECENAS DE PECES MUERTOS FLOTANDO SOBRE LA SUPERFICIE DE UN RIO   (El Gran Cataclismo)

    A Matt le sudaba la frente del esfuerzo. En todos sus años como arqueólogo jamás había presenciado algo tan escalofriante como aquellas runas mayas. Después de que tradujera el texto de aquella pirámide fue uniendo cabos sueltos. Ahora sabía que todo estaba relacionado. Primero el eclipse, luego la inundación, y la lluvia de estrellas de la noche anterior. Se levantó y se sacudió los pantalones, llenos de tierra y continuó apartando las densas hojas de la jungla mexicana, mientras se abría paso entre los matorrales y examinaba de nuevo el texto. Le llamaron loco después de creer que aquella profecía era cierta, pero él sabía que debía buscar opciones, algo para evitar el cataclismo. Y de pronto, aparecieron. Decenas de peces muertos flotando en la superficie del río. Matt cayó al suelo del asombro y se secó de nuevo el sudor. Aquello confirmaba su teoría. La profecía era cierta. Se acercaba el fin del mundo.


UN BOSTEZO EN UNA REUNION   (La Maldición)

    Elisa estaba atrapada. Se le aparecía una y otra vez la imagen de esa vieja bruja vagabunda. Recordaba en el momento en el que ella se negó a darle limosna, a pesar de que llevaba dinero de sobra en la cartera. Aquella vieja bruja reaccionó violentamente, tanto, que Elisa dio un salto hacia atrás y, de nuevo, recordó aquellas palabras que la mujer susurró mientras la señalaba. “Bostezo”.
    Desde aquel momento no pudo parar de bostezar, tanto, que en la reunión del trabajo del día anterior, aunque intentó aguantarse, en vano, acabaron despidiéndola del trabajo, porque decían que no mostraba interés. Elisa se prometió a sí misma que, siempre que tuviera dinero, daría limosna a todo el que la pidiera.



UNA VELA HUMEANTE  (Ataque en la fortaleza)

    La pequeña huía por los pasillos del frío castillo mientras escuchaba las fuertes pisadas de los mercenarios. Sabía que aquellos mercenarios habían sido contratados por los señores de las villas del norte, quienes habían intentado por todos los medios conseguir las tierras que pertenecían al padre de la joven. Ahora, habían entrado en la fortaleza, y habían capturado a toda su familia. 
    Sabía que si era silenciosa y se escondía, no la encontrarían, así que giró a la derecha y entró en una oscura habitación iluminada únicamente por una vela. La joven la apagó de un soplido la vela y se metió en un armario. Por la rendija de la puerta, pudo divisar como uno de los mercenarios entraba en la sala, iluminándola únicamente por la luz del pasillo y observaba atentamente la vela humeante.       Recorrió detenidamente con la mirada la sala y con paso lento y firme, se acercó al armario y abrió sus puertas. Aquella noche no habría justicia para la familia de la fortaleza.

LA HUELLA DE UNOS LABIOS MARCADOS CON CARMÍN EN EL ESPEJO DE UN CUARTO DE BAÑO (El Misterio ya está Resuelto)

La huella de sus labios marcados con carmín en el espejo del cuarto de baño era la pieza que faltaba para resolver el misterio. Aquella era la prueba que indicaba que Clara y el director eran amantes, lo que llevó a nuestro detective a averiguar que, como el se esperaba, fue el director quien asesinó a la joven.

PROPINAS EN UNA TERRAZA (El numero once de la mala suerte)

    A Irene ya le parecía extraño que siempre en la mesa número once de la terraza de su bar aparecieran once euros en monedas en un plato de cristal sin que nadie se sentara. Una vez hasta intentó quitar el plato y esconderlo pero siempre acababa apareciendo. El día once de noviembre, Irene encontró once mesas con once euros en monedas en cada una. Finalmente llegó a la conclusión de que estaba loca. Y eso era exactamente lo que el asesino quería que pensara.

EL OLOR A CAFÉ POR LA MAÑANA (La falta de Rafa)

    Y una vez mas, Rafa recordó el olor del café que su mujer preparaba a primera hora de la mañana. Rafa llevaba levantándose con ese aroma veinticinco años y, aún no se acostumbraba a vivir sin él. Y ahora, dos años levantándose y acostándose solo, mientras una terrible soledad y nostalgia se apoderaba de su alma. Pero aquella mañana no. Aquella mañana, por primera vez en dos años, cuando Rafa se levantó olía a café recién hecho.

Micorrelatos de Bachillerato: Trabajo de Paula Carpeño (1ª Posición)

Paso a publicar los relatos de la alumna ganadora: Paula Carpeño. Las ilustraciones que acompañan a los cuentos han sido realizadas también por la alumna. Espero que las disfrutéis.

1. Decenas de peces muertos en un río 

     Desde tiempos inmemoriales mora en China una de las más ancestrales criaturas de la Tierra: Shen-Lung, el dragón del cielo, señor de las tormentas, de la sabiduría y el poder. Hace siglos este ser habitaba en la tierra, y los emperadores acudían a él cuando tenían que tomar alguna decisión difícil. Un día entró en su cueva un joven emperador que acababa de ser coronado tras la muerte de su padre, estaba muy asustado y venía en busca de consejo. Parecía tan frágil y desvalido que Shen-Lung sintió pena por él. Con el tiempo el emperador y el dragón se volvieron inseparables, estaban tan unidos que el emperador lo tomó como símbolo de su estandarte. Gracias a la ayuda de Shen-Lung se convirtió en el más sabio y justo de toda la dinastía. 
     Cuando el emperador enfermó debido a la vejez, pidió pasar sus últimos días en la cueva del dragón. Shen-Lung veló a su amigo hasta que los dioses se le llevaron. Cuenta la leyenda que el dragón entró en una tristeza tan profunda que las lágrimas derramadas en el río próximo a su cueva estaban tan cargadas de dolor que mataron a todos los peces del río. Tras la muerte del emperador, Shen-Lung se retiró al cielo y ningún mortal volvió a saber de él jamás. 

Ilustración de Paula Carpeño

2. Los bostezos de alguien en una reunión. 
     Una vez más, Superman regresaba volando por el cielo de Smallville  tras haber salvado las vidas de todos sus habitantes. Desde las alturas podía ver cómo la gente gritaba y señalaba al cielo; algunos cuchicheaban emocionados, los niños miraban asombrados sin poder articular palabra, otros le vitoreaban, alborozados. La ciudad había quedado dañada tras el enfrentamiento, aunque eso no le preocupaba demasiado, se recuperaría, siempre lo hacía. Muchos ciudadanos heridos se dirigían al hospital, pero dentro de unos días esta no sería más que otra historia que contar a generaciones futuras antes de acostarse.   
    Horas más tarde, Clark Kent entraba en la sala de reuniones del periódico, tan puntual como siempre. Saludó a todos con educación y tomó asiento. Bostezó largamente mientras en las noticias la presentadora narraba la encarnizada lucha en la que Superman, como siempre, los había salvado a todos.  

Ilustración de Paula Carpeño


3. Una vela humeante encendida en una habitación en la que no hay nadie 

     En la residencia de SunnySmiles, el día 23 de septiembre siempre hay una vela encendida en la habitación número 53. Si os asomáis por la ventana veréis una vieja televisión, una mecedora y una bufanda de punto a medio terminar en el cesto de la costura. Sentada en la mecedora, hay una ancianita; sus huesos son frágiles y ya no puede moverse como antes, pero tiene unos ojos bondadosos que todavía conservan su luz. El 23 de septiembre es su cumpleaños, el de ella y el de su hermana gemela, pero no lo celebra. Se come con educación los deliciosos canelones que le preparan las cocineras especialmente para ella y acepta los regalos con una sonrisa. Pero ella no se siente feliz. 

     Hace ya mucho que su hermana murió, pero ella la siente muy cerca. Nunca se han separado y nunca lo harán. La gente dice que la muerte de su hermana la trastornó, pero ella sabe que no es así, porque todos los años, a las nueve de la noche exactamente, una brisa extraña entra por la ventana cerrada y apaga la vela que deja encendida para ella. Entonces sí, la anciana sonríe y murmura: “feliz cumpleaños, hermana mía”.   

4. Una marca de unos labios rojos en el espejo del baño 
     El brillo casi cegador de las sábanas blancas le hizo abrir los ojos. Al principio no recordó donde estaba, o como había acabado allí, pero al girarse y respirar un intenso y respirar el intenso aroma a carmín, le hizo recordar. Sus rizos de fuego, las manos revolviéndole el cabello. Habían bailado toda la noche en la fiesta privada del hotel, una canción tras otra, hasta que… los recuerdos se volvían confusos. Él le invitó a su habitación; algo que tenía que ver con una chaqueta y unos zapatos rojos tirados en el ascensor acudió a su memoria. Sonrojado, se preguntó si seguirían allí. 
     Justo cuando se levantaba a comprobarlo, lo vio. Se quedó sujetando el picaporte sin dejar de mirar el armario. En la pared, tras la ropa tirada y revuelta, había una pequeña puerta metálica abierta de par en par. Horrorizado, se asomó al interior del habitáculo solo para confirmar sus sospechas: el microchip no estaba. El dispositivo con todas las estrategias militares que tanto le había costado conseguir  había desaparecido… ¿Qué iba a ser de él cuando se enterasen? Decidió ir al baño a refrescarse la cara y pensar con más calma. Cuando entró encontró restos de carmín en el lavabo y escrito en el espejo con el mismo pintalabios rojos un mensaje que rezaba “gracias”, junto a la firma de unos labios estampados. 

5. Un plato con monedas en la terraza de un bar 
     Era una soleada mañana en la  gran ciudad de Tokyo. Como siempre todo estaba tranquilo y limpio, los coches pasaban delante de la terraza del bar emitiendo su agradable ronroneo y los transeúntes charlaban animadamente. Era una mañana calurosa, pero el individuo sentado en una de las sillas de metal vestía un grueso traje gris y gafas de sol. A través de los oscuros cristales podía percibirse una afilada mirada que no se apartaba del camarero que limpiaba las mesas, joven y de espeso cabello negro y ojos color acre. El camarero le sirvió el café y el hombre, de un solo gesto, se lo bebió y depositó cuatro yenes encima de la mesa. El camarero lo miró, presa del pánico como no podía ser de otra manera. Al final le habían encontrado; con los miembros de la Yakuza no se juega, y menos con la hija del jefe, pero ninguno de los dos había podido evitarlo, se habían enamorado nada más verse; ahora iba a pagar la consecuencia. Con un nudo en la garganta recogió el dinero de la mesa, cuatro yenes, el número de la mala suerte japonés, el número de la muerte. 

6. El olor a café por la mañana en una cocina 
     Sentado en la silla de la cocina, el hombre se preguntó “¿si todos los caminos van a Roma, cómo se sale de Roma?” y aspiró el dulce aroma del café en la mañana.   

7. Un hombre con un ojo morado 
     Contempló distraído su pajarita perfectamente anudada en el traje blanco. La Iglesia aquel día estaba preciosa, decorada con flores y lazos, todo relucía de tal manera que parecía que los ángeles hubiesen abierto el cielo para ellos; con toda aquella gente tan bien vestida, ofrecían un cuadro idílico. La marcha nupcial comenzó a trazar las primeras notas, llenando la estancia y elevando los espíritus, cuando por fin entró ella, con el cabello color miel recogido en un moño, el velo arrastrando tras ella como una larga cola de caballo de gasa blanca, las mejillas sonrosadas. Recordó el día en que se conocieron, y es que todo comenzó con un rebelde caballo… 
     Él siempre trabajó como cuidador de caballos en uno de los hipódromos más prestigiosos de la ciudad. Ella venía todos los días. Al principio le pareció la típica chica rica que venía a pasar el tiempo por no tener nada mejor que hacer y a la que le gustaba mirar a los trabajadores por del hombro, como sus irritantes amigas; pero con el tiempo fue dándose cuenta de lo distinta que era: los caballos eran su pasión, era simpática, honesta y cercana, pero para ella no era más que un trabajador. Un amor imposible. Así que cuando su caballo se encabritó y ella cayó jamás pensó que conquistaría su corazón con su heroica acción al ponerse delante de ella y recibir una tremenda coz en la cara. 

Ahora mientras ella llegaba al altar, él se palpó el ojo morado y pensó que había merecido la pena.  

Microrrelatos de 1º de Bachillerato de Humanidades

Hace unos días, en relación al Tema 1: Comunicación,  realizamos una actividad del libro consistente en escribir micorrelatos a partir de algunos indicios. Comenté que los alumnos que, en conjunto, tuviesen las mejores narraciones, llevarían un reconocimiento en las notas de clase y en este blog y que publicaría, además, todos sus relatos. Fueron los propios alumnos los que eligieron qué compañeros eran los seleccionados entre los que yo propuse como finalistas. Por otra parte, también aparecerían aquí publicados los trabajos destacables del resto de alumnos.
Quiero felicitar a todo el grupo por la creatividad e imaginación que han mostrado sacándole muchísimo provecho a puntos de partida que, en principio, podrían llevar a escribir sobre asuntos demasiado cotidianos. También por sus habilidades narrativas.
Los indicios sobre los que se debía escribir eran:

1) Una marca de carmín en el espejo.
2) Un ojo morado en alguien.
3) Peces muertos en un río.
4) El olor de una vela encendida donde no hay nadie.
5) Una moneda en un plato de un bar.
6) El olor a café recién hecho por la mañana.

Los ganadores fueron:
1) Paula Carpeño.
2) Sara Mas.
3) Carolina Pérez.

En sucesivas entradas voy a ir publicando los relatos de estos alumnos y relatos destacables de sus compañeros finalistas.
Saludos.
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miércoles, 28 de septiembre de 2016